Cuaderno de Bitácora

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
A lo largo de días de travesía a través del ancho oceáno siempre recogimos las vicisitudes del viaje en nuestro cuaderno de bitácora: tormentas en alta mar, encuentros imprevistos, discusiones a bordo, indisposiciones varias…todo quedaba anotado en aquellas hojas bastas, cosidas al estilo copto o etíope y cubiertas, de una forma rudimentaria, por unas tapas de madera pobremente decoradas.
Ya en tierra firme, en la Ínsula Libertalia, hemos sustituido el viejo cuaderno de bitácora por la voz e internet: los tiempos cambian, pero no tanto como podría parecernos… Y, a modo de diario, igual que antaño, reflejamos la realidad de nuestra existencia; dando la palabra a personas y proyectos que quedan fuera de los cauces habituales de difusión, intentando hacer un poco más comprensible la realidad, complementando nuestro serial habitual que, a veces, por cuestiones de tiempo o disponibilidad, puede presentarse corto y fragmentario.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

 

(La canción del pirata .- José de Espronceda)

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